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Estos días se puede leer en la prensa y escuchar en el telediario esa propuesta de modificación de la Ley. Y aunque en realidad no es suficiente con ampliar el plazo de denuncia, ya es un paso más en la buena dirección.

Por experiencia propia sabemos que alrededor de los 45 años uno tiene suficiente madurez como para empezar a enfrentarse con los recuerdos traumáticos de la infancia, y eventualmente se tiene el valor para confrontar al agresor con sus actos criminales.

Sin embargo, hay muchas víctimas que callan hasta muy avanzada edad e incluso hasta la tumba. También las secuelas suelen durar toda una vida. Es por eso que hay que aspirar a que este delito no prescriba nunca.

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