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Traumasexualidad

Acabo de leer un libro holandés, del autor Peter John Schouten, que lleva como título Traumaseksualiteit. La traducción al castellano sería Traumasexualidad. (El libro no está traducido.) Trata del daño que uno sufre en su sexualidad. Por el abuso sexual infantil uno se convierte en un traumasexual, es decir que el agresor del abuso juega un papel en su vida sexual. Siempre.

Lo curioso es que este libro, escrito por un hombre, solamente habla de las secuelas del abuso sexual de niños, que luego se convierten en hombres traumasexuales. El autor, víctima de abuso sexual él mismo, después de haberlo procesado e integrado en su vida, se ha dedicado a trabajar, mediante la técnica del psicodrama, con hombres abusados en su infancia. Su experiencia con ese trabajo y los relatos de sus pacientes forman una buena base del libro, aparte de una amplia bibliografía en la que se ha apoyado. He tenido el placer de conocer al autor del libro personalmente en una Jornada sobre este tema en Holanda. Al preguntarle al respecto, me contestó que las secuelas son las mismas para hombres que para mujeres.

Efectivamente, al leer el libro, reconocí muchos temas, como la duración de concienciarse uno de lo ocurrido, la dificultad en recuperar los recuerdos perdidos, los fracasos en las relaciones amorosas, las señales que da el cuerpo al respecto, adicciones, sudores y temblores, problemas para defender sus límites en general, la vergüenza y la sensación de culpabilidad, las depresiones, los enfados repentinos, insomnio, pesadillas, ansiedad, angustias… y un gran et cétera. Luego el miedo a salir con su historia hacia el mundo exterior y finalmente el miedo a confrontar al agresor con sus hechos en el pasado, si es que eso es posible… Para no mencionar el perdonarle, que es un paso que, en realidad, pocas veces se puede dar, porque requiere un alto grado de procesamiento del abuso. (Si se “perdona” antes de hora, solamente es un auto-engaño más, el quitarle importancia por no poder enfrentarse con la profundidad de las emociones sufridas.) Al final, el autor menciona la resistencia – o incluso la negación – del entorno a reconocer la magnitud del problema: de la familia, amigos y de la sociedad en general, con inclusión de muchos terapeutas(!).

Sin embargo, lo que a mí, siendo mujer, me resultó extraño es el alto grado de promiscuidad e incluso el comportamiento repetitivo del abuso que muestran (muchos de, no todos) los hombres abusados. Me parece que las mujeres abusadas tendemos más a rechazar nuestra sexualidad, huir de ella. Quizás a los hombres les cueste menos que a las mujeres reconocer el hecho de que obtuvieran un placer corporal del abuso sexual, por la evidencia visible de su reacción física? Al preguntarlo a una psicóloga especializada en el tema del ASI, me contestó que “la diferencia entre géneros no esta muy clara en cuanto a sus secuelas. Yo por mi experiencia como terapeuta observo que se mueven en dos extremos. Negación de la propia sexualidad y en el otro extremo promiscuidad o incluso adicción al sexo.”

De todas formas – y eso se aplica a ambos sexos – la excitación, junto con el asco a los actos sexuales que hay que realizar o a los que uno tiene que someterse, confunde profundamente a l@s niñ@s y hace que su desarrollo sexual sano se rompa bruscamente.

Sea como sea, un libro innovador y sumamente interesante para quien tenga el valor de leerlo.

 

 

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